¿Por qué sientes que no eres la elegida en temas de amor?

La mayoría de las veces que hago un post sobre este tema de sentirte elegida, resuena no solo contigo sino con muchas mujeres. Creo que esto sucede porque hay una historia simbólica enorme alrededor y, en general, ciertos elementos inconscientes que te hacen creer que esto es lo que está pasando, cuando en realidad el agua corre por otro cauce.

En este blog voy a contarte mi perspectiva al respecto y darte algunas ideas para que empieces a cambiar el chip alrededor de esta idea.

Lo que nos enseña Bridgerton y los mitos del cortejo

Para darte algo de contexto, me voy a centrar en la serie Bridgerton, que más allá de ser históricamente correcta o no, revela lo que a nivel inconsciente se ha instalado en el imaginario femenino sobre “ser elegida”.

Es una serie de época donde, en cada temporada, se vive —literalmente— una temporada de cortejo: mujeres que llegan a cierta edad son presentadas en sociedad para ser elegidas por los hombres como futuras esposas y aprobadas por la reina.

Así, crecemos rodeadas de historias, cuentos, películas y series que refuerzan este mito de que la mujer es elegida por el hombre y que tiene poca o ninguna participación real en la elección de esa relación futura.

Puede que en su momento todo esto fuera incluso más perverso, pero eso importa poco ahora. Lo que realmente impacta en nuestro inconsciente son las historias que nos contamos.

Desde pequeñas, impregnadas de cuentos de hadas, repetimos una y otra vez este ritual que vemos en Bridgerton. Y en algunas sociedades lo seguimos repitiendo con matices más digeribles: las fiestas de quince, los Sweet Sixteen, y otros ritos de presentación.

Y es justamente con estas historias simbólicas que vamos creando el imaginario de que nosotras somos elegidas… y por lo tanto, que podemos ser rechazadas.

La crianza con preferencias

La cosa no se queda solo en los cuentos de hadas. Cada mujer es un mundo —y es posible que esto no aplique para todas, de hecho es lo más probable—, pero también existe un factor determinante en la construcción de este psiquismo de “no ser elegida”.

Tiene que ver con haber experimentado una crianza con preferencias, especialmente cuando en una familia hay dos o más mujeres y un hombre decide, escoge o prioriza a una sobre las demás.

En general, cuando una mujer siente que no es elegida en el amor, vivió algo así en su infancia: un padre que elegía o prefería a una hermana, a la mamá o incluso a otra familia. La mente inconsciente de esa niña siente que no fue elegida por su padre y, ya adulta, repite ese patrón en sus relaciones.

¿Cómo se ve este patrón?

Para que ciertas circunstancias puedan considerarse un patrón, es importante que repitan simbólicamente aquello que se vivió. En este caso suele verse como: hombres que “eligen” a otras, comparaciones constantes con otras mujeres, la sensación de “hay algo en mí que no merece ser amado” y una compulsión a repetir la historia, incluso cuando ya hay conciencia del origen del conflicto.

¿Qué pasa si no viví esto en mi infancia?

Es posible que este psiquismo provenga de una historia del árbol genealógico donde existieron rituales de cortejo o crianzas con preferencias. En esos casos, es valioso investigar tu árbol para ver qué familiares estuvieron envueltos en este tipo de experiencias y si hay elementos de sus historias que tú estás repitiendo sin saberlo.

¿Cómo empezar a transformar este cuento que te echas de no ser elegida?

Pasa mucho que cuando una mujer descubre una explicación que le calza perfecto, se queda atrapada ahí: usa la información para justificar no materializar una pareja de alta consciencia, en lugar de usarla como punto de partida para transformarse.

Porque quedarse en el rol de víctima es cómodo: ¿y yo qué puedo hacer si así fui criada? Y ante la fuerza del inconsciente que repite una historia tras otra, puede parecer que transformar la realidad no está en tus manos.

Lo que he visto en mi experiencia de doce años es que sí es posible cambiar esas historias inconscientes y empezar a crear realidades distintas. Y para eso, es importante enfocarse en dos cosas:

  1. Reprogramar la información inconsciente.

  2. Tomar decisiones cotidianas que refuercen esa reprogramación.

Reprogramar la información inconsciente

Existen diferentes herramientas terapéuticas que transforman la información inconsciente a través del lenguaje simbólico y metafórico. Aquí te dejo algunas:

  • Hipnosis

  • Respiración holotrópica

  • Constelaciones

  • Bioneuroemoción

  • Regresiones

  • Arteterapia

  • Musicoterapia

  • Actos simbólicos

Lo poderoso de estas herramientas es que hablan en el mismo lenguaje que tu inconsciente, por eso pueden penetrarlo y depositar nueva información.

Aquí te dejo uno de los actos simbólicos que he creado sobre este tema, para que puedas dar un primer paso:
https://www.instagram.com/reel/DLIM2trsoRC/?igsh=bmRyY2VzOTVpcXJm

La nueva información se siembra como una semilla, y para que germine necesitas nutrirla con acciones diarias.

Tomar decisiones cotidianas que refuercen la reprogramación

Antes de entrar en detalle, es importante aclarar que ninguna herramienta es una varita mágica. En general, todas funcionan acompañadas de un proceso terapéutico, una autoobservación y una metaobservación que permiten que la transformación sea real.

Por eso, en el pasado, quizá hiciste rituales, ejercicios o talleres que de forma aislada no generaron cambios.

También puede que hayas invertido tiempo, dinero y energía en procesos terapéuticos y aún no veas resultados. Si es tu caso, te recomiendo este episodio de mi podcast:
https://www.youtube.com/live/klTgiVPwQGo?si=Z9FrVFawSxY1Q5I3

Ya aclarado esto: para transformar la creencia de “no ser la elegida”, necesitas ver algo esencial. Generalmente, cuando esta dinámica aparece en tu vida, es porque la primera persona que no te está eligiendo… eres tú misma.

En los momentos en los que deberías priorizarte, elegir tu bienestar, poner límites o decir lo que quieres, eliges lo contrario. Entregas tu poder y tus decisiones a otros.

Si quieres que esa nueva semilla germine, necesitas empezar a tomar decisiones donde te eliges a ti.

Comienza con cosas pequeñas, como decir qué quieres cenar sin esperar que otros decidan por ti.

Luego puedes avanzar hacia decisiones más confrontantes, como alzar tu voz en la oficina ante algo que te parece injusto.

Y después vienen temas más profundos, como elegir tu bienestar por encima de expectativas familiares: por ejemplo, no gastarte tu sueldo en tus padres o seres queridos, sino enfocarte en crear tu propio proyecto de vida, entendiendo que ellos ya vivieron el suyo.


Cuando entiendes todo esto, empiezas a ver que la sensación de “no ser la elegida” no viene de afuera, ni de los hombres, ni de las apps, ni del destino caprichoso. Viene de esa historia vieja que aprendiste a contarte sin darte cuenta. Y justo ahí está la puerta de salida: en volver a ti, en hacerte un espacio, en escucharte, elegirte y sostener esa elección en lo cotidiano. Porque cuando tú cambias ese relato interno, algo se ordena; y no es magia ni casualidad, es coherencia. Y desde esa coherencia, la vida empieza a responderte distinto, casi como si por fin entendiera qué tipo de amor estás dispuesta a recibir.