¿Estás cansada de sanar y sanar y no manifestar el amor?
¿Te suenan familiares algunas de estas frases?
“Estoy cansada de sanar y que mi vida siga igual”.
“He hecho de todo para sanar, y mi vida no cambia”.
“Estoy cansada de sentir que hay algo malo en mí”.
“Hasta que no sane, no voy a materializar pareja”.
Si alguna vez has pensado o dicho alguna de estas frases, tengo algo que compartirte en este blog. Es una idea que me llegó hoy, como esos chispazos de sabiduría que caen sin avisar y que sabes que vienen de un lugar más sutil que tus pensamientos. Y es la siguiente:
La cosa nunca ha sido de sanar. La cosa es poder tener una nueva mirada de tu historia de vida.
¿De dónde viene todo ese rollo de la sanación?
No tengo la certeza, pero tengo mis sospechas…
Creo que viene del lenguaje que estamos usando todo el tiempo cuando hablamos de la herida de infancia y de los traumas —que por su origen etimológico significan herida, lesión o ruptura— y que, por consecuencia lógica, parecen ser cosas que requieren ser sanadas.
La palabra “trauma” ya viene cargada de esa sensación de que algo quedó roto, quebrado, defectuoso. Y si algo está roto, entonces se supone que hay que repararlo. Y si hay que repararlo, entonces hay que sanarlo. Y si hay que sanarlo, entonces tú, automáticamente, quedas ubicada en el lugar de quien tiene “algo malo”, “algo pendiente”, “algo que corregir”.
El problema de tener algo que sanar
El problema que yo veo en este concepto de “tener que sanar” es que genera la sensación de que siempre falta el centavo para el peso, o el pennie para el dólar.
Y eso es absurdo, porque se nos está pidiendo algo imposible: una recuperación total de una herida. Total. Completa. Perfecta. Como si pudiéramos devolver el tiempo, borrar lo que pasó y dejarlo mejor que antes.
Es como pedirle a una persona que fue atropellada por un carro y sufrió una lesión grave en la mano, que por su voluntad, su control y su trabajo terapéutico, vuelva a tener su mano en perfectas condiciones, incluso mejor que antes.
Es pedirle lo que humanamente no se puede.
Y en ese mismo orden de ideas, sería decirle a esta persona que hasta que su mano no esté del todo recuperada, no podrá hacer o tener aquello que tanto desea. Que tiene que esperar a estar impecable para avanzar.
Eso no solo es ridículo, sino profundamente injusto. Y sin embargo, es un discurso en el que hemos caído. Uno que hace daño, porque nos exige algo que es imposible.
La magia está en ver tu historia con una nueva mirada
Hoy, mientras veía un video que me compartió Andrés, me llegó esta información de una manera muy clara: lo importante no es sanar, estar “sana” y lograr un objetivo, sino poder darle una nueva mirada a tus historias de vida.
Y para explicarte cómo lo entendí, quiero traerte algunos ejemplos de la industria del cine. Porque ahí está clarísimo lo que quiero decir.
Sexto Sentido: cuando puedes ver tu historia con nueva información
Empecemos con El Sexto Sentido. Si no la has visto y la quieres ver, no sigas leyendo porque aquí vienen los spoilers.
¿Te acuerdas? El niño empieza a ir al psicoanalista porque tiene la capacidad de ver seres trascendidos, especialmente aquellos que tuvieron muertes trágicas. Él es ansioso, rechazado, incomprendido. Tú vas viendo la película sintiendo compasión, angustia, curiosidad, y te enganchas con esa relación tan bonita que se forma entre el niño y el psicoanalista. Todo parece tener sentido dentro de una línea narrativa clara.
Luego, al final de la película, nos damos cuenta de que el psicoanalista está muerto. Muerto. Es otro de los seres trascendidos que el niño ve.
Y ahí, cuando el director por fin te muestra esa información, TODO se reorganiza. No las escenas, sino el sentido de las escenas. Te das cuenta de que el director eligió mostrarnos momentos muy puntuales que nos hicieron creer que él estaba vivo. Pero una vez la película te revela la verdad, entiendes que no había interacción posible entre dos seres vivos porque uno de ellos no lo estaba.
Traigo esto porque pasa lo mismo en tu proceso de materializar una relación de pareja de alta consciencia.
Tú hoy tienes tu “película”, tu versión de lo que pasó, con escenas claras, vívidas, que viste con tus propios ojos. Pero cuando haces conciencia de cierta información de tu árbol, de tu historia, de los patrones inconscientes que repites, vas a ver tu historia con una mirada llena de nueva información.
Y ahí entiendes cosas que antes no tenías cómo entender. No cambian los hechos, cambia la interpretación. Y eso lo cambia todo.
Cuando los villanos pasan a ser los protagonistas
Siguiendo con las películas, quiero continuar con Maléfica y con Joker. Dos ejemplos clarísimos de cómo una historia cambia por completo cuando se cuenta desde el otro lado.
Ambas películas nacen de narrativas donde existen héroes, villanos, protagonistas y antagonistas muy definidos. Ella, la mala. Él, el loco, el criminal, el problema.
Pero luego viene alguien y dice: contemos la historia del villano.
Y ahí todo se da vuelta. Porque cuando ves la historia desde ese otro lado, te das cuenta de que no era tan villano. Entiendes su historia, lo que vivió, lo que sintió, lo que lo marcó, y las razones por las que actuó como actuó. No para justificarlo, sino para comprenderlo.
Esto es súper importante en los procesos de transformación porque cuando tú te das el permiso de ver tu historia familiar, tu árbol genealógico, lo que pasó en tu infancia, por qué tus papás actuaron como actuaron, por qué ciertos “villanos” de tu vida hicieron lo que hicieron, puedes ver otra perspectiva completamente distinta. Y esa perspectiva te libera.
No borra lo que pasó, pero cambia la forma en la que lo llevas adentro.
Contar una nueva historia con tu propia historia
Finalmente, algo que siempre me ha encantado del cine es su capacidad de contar la misma historia mil veces, pero también la capacidad de crear distintas versiones de esa misma historia con nuevas miradas, nuevos matices y nuevas intenciones.
Eso mismo puedes hacer tú.
Puedes ir a ver las historias de tu pasado, ver las cosas que no te gustaron, ver las heridas de infancia, los traumas, esos momentos que aún duelen, pero para darles una nueva versión, igual que el cine hace con los cuentos clásicos.
Así como hay miles de versiones de Cenicienta —algunas pobres, otras viviendo en Nueva York, unas más luminosas, otras más ásperas— así mismo tú puedes crear nuevas versiones de tus vivencias.
Hace unos meses, en un curso para abrir tu campo electromagnético y conectar con el amor, puse dos ejercicios que hoy cobran total sentido:
Escribir tu historia como si un maestro superior estuviera narrando tu vida, entendiendo que cada momento que viviste tenía un propósito para convertirte en la mujer que eres hoy y para materializar una relación de alta consciencia.
Escribir tu historia como te hubiera encantado que fuera, como si todo hubiera salido perfecto, sin traumas, sin heridas, con la vida ideal.
Aquí te dejo el link al curso completo en YouTube: https://youtube.com/playlist?list=PLZ0BjUKkG_uavlwj_7D5lKwp2yvnfmjzi&si=p-5xGfKz-yHN7a5j
Ambos ejercicios ayudan a transformar la información en tu inconsciente, sin negar nada, solo reorganizando y ampliando.
Porque sí puedes volver a contar tu historia. Con los mismos personajes, con los mismos hechos, con los mismos elementos. Pero con otra mirada, una mirada que tiene otro tono, que proyecta otra historia de vida, que crea una nueva narrativa más alineada con tu propósito de materializar pareja de alta consciencia.
Lo que me llegó hoy mientras veía ese video —y que sentí como un mensaje canalizado muy claro— es que cuando nos enfocamos en “sanar”, seguimos repitiendo la idea de que hay algo malo en nosotras, que estamos enfermas, defectuosas, incompletas o impedidas para vivir en plenitud.
En cambio, cuando eliges darle una nueva mirada a tu historia, te conviertes en la guionista y en la directora de tus propias películas. Y desde ahí, puedes reorganizar escenas, cambiar de orden, reinterpretar personajes, mover momentos, expandir sentidos. Así hacíamos cuando estudié cine: nos hacían mover escenas de lugar, cambiar protagonistas, jugar con posibilidades, y era impresionante cómo la historia cambiaba sin cambiar los hechos.
Con tu vida pasa lo mismo.
Puede que hoy todavía no veas cómo todo lo que has vivido se está ordenando para construir la realidad que deseas. Pero te juro que hay un montón de cosas que todavía no has visto desde la perspectiva en la que necesitan ser vistas.
Y lo más importante: no tienes que seguir revisando si estás suficientemente “sana”. No tienes que borrar tus heridas. No tienes que corregirte para merecer amor.
Tienes heridas, sí.
Tienes historia, sí.
Tienes momentos que te marcaron, claro que sí.
Y está bien, es parte de quién eres y muchas veces, incluso, será parte de lo que un hombre va a amar profundamente en ti, no solo tu autenticidad sino tu forma de ver la vida.
El foco ya no está en sanar para ser perfecta. El foco está en mirar tu historia desde un lugar más amplio, reescribir la narrativa interna, reconocer las piezas, elegir cómo quieres contarte lo que viviste y permitir que tu historia, así como es, sea suficiente para abrirle la puerta al amor.
Esa es la verdadera transformación. Y ya está disponible para ti.